Dardo Medina se despidió de su familia, en su casa de La Rioja, y salió de viaje rumbo a Corrientes. Se instaló en un departamento que alquilaba allí en secreto y, según surge de la investigación judicial, cargó 61,5 kilos de marihuana en los compartimientos ocultos de un Volkswagen Passat. Con un perro como único acompañante y un dúo de «punteros» que le abriría paso en la ruta con otro vehículo emprendió un viaje de más de 20 horas rumbo a Río Negro.
Según el diario Río Negro, lo esperaban más de 1.700 kilómetros de ruta dentro de un auto cargado con 79 nauseabundos «panes» de marihuana embebidos en una sustancia venenosa con la que se intentaba ocultar el típico olor de la cannabis. Sólo a fuerza de esporádicos estímulos de cocaína el hombre pudo tolerar la presión y reponerse del cansancio. En Entre Ríos le hicieron una multa de tránsito y guardó el acta, un documento que luego serviría a los investigadores para reconstruir la ruta narco que se frustró en su último tramo el pasado 20 de junio en el solitario paraje «La Japonesa», sobre la Ruta 232, a unos 40 kilómetros al norte el empalme con la Ruta 22 a la altura de Chelforó.
Aquel secuestro de droga, el más grande registrado en ese puesto de control policial y de Funbapa, abrió líneas de investigación que revelaron una compleja y bien equipada red de narcotráfico que operaba de norte a sur del país y que no sólo distribuía droga en el Alto Valle rionegrino sino que además, se sospecha, «exportaba» marihuana a Chile.
Medina, de 38 años, está detenido desde aquella madrugada. Ahora pasa sus días en la Colonia Penal U5 de Roca, con prisión preventiva y procesamiento firme por el delito de «transporte agravado de estupefacientes». La causa tiene además un cómplice que ya fue identificado por la justicia y que podría entregarse en las próximas horas. Sobre él pesa una orden de captura internacional y una prohibición de salir del país comunicada a todas las autoridades de frontera.
La investigación que realizaron el juzgado y la fiscalía federal de Roca tuvo derivaciones en la provincia de Corrientes y en la localidad bonaerense de San Isidro, donde la policía incautó valiosa documentación y además secuestró una camioneta Chevrolet S10 de lujo, con caja, preparada para traficar hasta 300 kilos de droga ocultos en numerosos compartimientos internos y dobles fondos iguales a los que tenía el VW Passat secuestrado en «La Japonesa».
La noche del secuestro, desde Gobernador Duval, en La Pampa, dos vehículos se aproximaron a la garita policial. Un Honda Fit pasó primero, sin despertar sospechas, y finalmente pudo darse a la fuga.
Pero el Passat que viajaba detrás detuvo su marcha apenas unos metros antes del primer puesto de control en territorio rionegrino. Medina dudó y quedó frenado en medio de la ruta, con las luces encendidas, apenas un instante. Podía seguir, sabiendo que el agente de Funbapa abriría su baúl en busca de productos prohibidos por la barrera sanitaria, o podía arriesgarse a continuar su viaje por el destruido puente abandonado que cruza el río Colorado, donde son altas las probabilidades de caer al vacío. Esa duda lo delató. Finalmente siguió por la ruta oficial. Nervioso saludó al agente sanitario, al que le bastó una mirada rápida para advertir un doble fondo en el baúl. Una inspección más cercana adivinó la forma de un «ladrillo» de marihuana y el agente llamó a los dos policías que estaban en la garita. Medina quedó detenido en el momento. Un par de horas después la brigada de Canes de la policía y los agentes de Toxicomanía estaban en el lugar, ya con una orden judicial de requisa, para abrir el auto y secuestrar la droga, que viajaba prolijamente oculta.
Los datos que surgen del procesamiento que dictó días atrás el juez federal de Roca, Jorge García Davini, fueron recopilados mediante una investigación que incluyó allanamientos en Corrientes y en San Isidro. En el departamento que Medina alquilaba en la provincia mesopotámica hallaron la Chevrolet S 10 adaptada para los viajes narco de mayor envergadura y la secuestraron. Allí apareció también el contrato de locación de la vivienda, donde el cómplice -el conductor del Honda Fit que logró eludir el control en «La Japonesa» y que tiene domicilio en San Isidro- aparecía como garante de Medina.
Escapó, pero prometió que se entregaría
Sus ocupantes sabían que los únicos dos policías que había en el lugar poco podrían hacer por retenerlos si pasaban de nuevo, a toda velocidad y aun a riesgo de recibir algún balazo, de regreso hacia La Pampa. Y así lo hicieron.
El auto se perdió en el desolado paisaje nocturno sin que los policías de «La Japonesa» pudieran salir en persecución, porque de hacerlo descuidarían el cargamento narco que acababan de descubrir y porque los refuerzos más cercanos demorarían al menos una hora en llegar.
Fue así que los policías rionegrinos alertaron a sus pares de La Pampa y les advirtieron que un sospechoso y moderno auto se dirigía hacia allí. Sin embargo -los investigadores no se explican aún por qué- el auto pudo pasar sin problemas el primer control pampeano.
Según confiaron altas fuentes de la causa, una mujer policía detuvo la marcha del Honda, identificó a su conductor, le pidió algunos papeles y lo dejó ir. También le tomó la patente y constató que la chapa pertenecía a otro vehículo. Pero aún así pasó. Para entonces, el conductor ya viajaba solo en el Honda y nadie sabe hasta el momento quién era ni dónde descendió su acompañante.
El cómplice identificado es un joven perteneciente a una familia pudiente de San Isidro. Sabiéndose buscado y cuando ya pesaba sobre él una orden de captura internacional, se contactó con el abogado defensor de Medina y por su intermedio pidió que le concedan una exención de detención como garantía para entregarse. El juez García Davini le concedió el beneficio a cambio de una fuerte caución económica que ya fue depositada y del compromiso de presentarse a la indagatoria, fijada para principios de agosto.
Distribución «on the road»
En los «ladrillos» envueltos en papel aluminio llevaban la droga de mejor calidad, la conocida en la jerga como «de primera cosecha». En los restantes, envueltos en cinta adhesiva, iba la droga menos exclusiva. Todo impregnado con una sustancia venenosa para tratar de ocultar el olor de la cannabis. La compañía del perro tampoco era casual; era un intento por confundir el olfato de los canes detectores de narcóticos de la policía.
Los investigadores que hablaron con «Río Negro» tienen «fuertes sospechas» de que el destino final de la mayoría de la droga era Chile, donde el valor de la marihuana se multiplica con respecto a los precios argentinos. Sin embargo una parte del cargamento tenía como destino su distribución en el trayecto, específicamente en el «corredor» de ciudades del Alto Valle.
La experiencia de los investigadores en casos anteriores indica que las entregas nunca se hacen en domicilios particulares sino que se pactan fugaces encuentros en caminos rurales, estaciones de servicios, campos y chacras alejados de las principales rutas. Tal vez por eso Medina viajaba en el VW Passat con tres equipos de GPS de última generación y tres chips de teléfonos celulares.





