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«Agudizar el ingenio»: el plan de Quintela para resistir el recorte del 40% de los fondos sin despedir empleados estatales

Ricardo Herrera, el nuevo secretario de la Gobernación, debutó con fuertes críticas a la Casa Rosada por la eliminación de las partidas extracoparticipables; calificó la medida de «caprichosa» y confirmó que la provincia deberá gestionar la escasez sin soltarle la mano a la planta pública.

El debut de Ricardo Herrera al frente de la estratégica Secretaría de la Gobernación no tuvo luna de miel. El funcionario asumió su cargo en el epicentro de una tormenta financiera desatada tras la decisión del gobierno de Javier Milei de excluir a La Rioja del reparto de fondos extracoparticipables en el Presupuesto 2026. Con un discurso que mezcló la resignación administrativa con la resistencia política, Herrera trazó la hoja de ruta para la gestión de Ricardo Quintela: austeridad forzosa, reingeniería del gasto y una defensa cerrada del empleo público como barrera de contención social.

El flamante secretario reconoció sin rodeos la gravedad del escenario. “Asumimos en el marco de una situación poco feliz. La provincia fue olvidada en el presupuesto nacional”, disparó en sus primeras declaraciones a Medios Provincia. Para el gobierno local, la poda de recursos no responde a una lógica fiscal, sino a una vendetta política. Herrera tildó la medida de “decisión caprichosa, inconsulta y arbitraria”, advirtiendo que perjudica gravemente la administración diaria del Estado.

El golpe del 40%

Los números que manejan en la Casa de las Tejas son alarmantes. Según detalló el funcionario, la no inclusión de la partida compensatoria —un derecho adquirido que la provincia percibió ininterrumpidamente durante tres décadas— implica un desfinanciamiento brutal e inmediato. “Es la primera vez en 30 años que la provincia se queda sin estos fondos. Tenemos que adecuar un 40% menos de ingreso de dinero a la provincia en cuestión de días. Es inaudito e inaceptable”, sentenció.

Ante este panorama de asfixia, la orden que bajó desde la residencia del gobernador fue clara: “agudizar el ingenio”. La frase, que resuena como un eufemismo de ajuste, implica en la práctica una revisión minuciosa de cada peso que sale del tesoro provincial. “Tendremos que hacer las reestructuraciones y todas las adecuaciones correspondientes para llevar adelante de manera eficiente la administración”, explicó Herrera, anticipando un verano de cuentas finas y lapiceras rojas.

La grieta ideológica: el empleo estatal

Sin embargo, en medio de la crisis, el gobierno riojano buscó marcar una diferencia ética y política con el modelo libertario. Mientras la Nación avanza con la reducción de la planta estatal, Herrera garantizó que en La Rioja no habrá despidos masivos.

“La reestructuración no significa bajar la bandera de nuestra filosofía política. Veo que en el gobierno nacional se dejan de lado 10.000 o 20.000 trabajadores. La filosofía de nuestro gobernador es no dejar a nadie en el borde del camino”, aseguró. El plan oficial consiste en «readecuar» funciones y optimizar recursos humanos, pero siempre “con la gente adentro”.

El interior, al límite

La crisis no se detiene en la capital. Herrera, conocedor del paño territorial, advirtió sobre el impacto devastador de la inflación y el recorte en los municipios del interior. Graficó la situación con el reclamo de un intendente que le confesó la imposibilidad de gestionar con costos dolarizados e ingresos pesificados.

“Un intendente me decía: ‘Asumí con la nafta a 350 pesos y hoy vale 2.000’. Se les complica gestionar con este nivel de aumento en los bienes y servicios que consume un estado municipal”, relató. Ante esto, prometió un trabajo de articulación constante con los jefes comunales y legisladores para evitar el colapso de las administraciones locales.

De cara al 2026, el mensaje del nuevo hombre fuerte del gabinete es de combate y gestión. “Lo que no podemos hacer es bajar las persianas, al contrario”, concluyó Herrera, dejando en claro que La Rioja se prepara para dar la batalla política desde la gestión, intentando demostrar que es posible administrar la crisis sin aplicar la receta del ajuste ortodoxo que propone Balcarce 50.

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