El río Bermejo le proporciona, además de su nombre, las condiciones elementales para el desarrollo de una agricultura diversa y de calidad. Este valle, hendido entre magnitudes descomunales, recorre el oeste de la provincia de La Rioja desde el Alto Jagüé, en las estribaciones de la cordillera Frontal, hasta el cañón de Talampaya.
La ciudad más importante de esta travesía es Villa Unión, nacida en el cruce de las rutas nacionales 40 y 76. La primera llega desde Nonogasta por donde nace el sol, luego de atravesar la panorámica Cuesta de Miranda; y la segunda conduce a los parques Talampaya e Ischigualasto en el Sur. Pero la RN76 nos permite conocer lugares que hasta hace muy pocos años estaban absolutamente vedados al turista promedio. En rigor, el camino existe desde hace décadas, pero sólo se transitaba en mula y, a veces, en 4×4.
COMIENZA LA FUNCIÓN
Desde la hospitalaria Villa Unión se sigue un muy buen asfalto hacia el Norte que, como una platea escenográfica, permite descubrir colosales perspectivas del cerro General Belgrano. Las vistas crecen a medida que evoluciona el camino: en Villa Castelli la proximidad de la mole y sus cordones inferiores resultan abrumadoras. Con 6.250 metros sobre el nivel del mar (msnm), el pico más alto de las sierras pampeanas sería también el más elevado de América y del mundo si se ignorara a la cordillera andina y al Himalaya.
Además de su belleza desmesurada, constituye una tenaz fuente de agua y vida para ambos valles, Famatina y Bermejo. Aquí estriba la angustia de los habitantes de esa región, los estudios de prefactibilidad vinculados a sus riquezas mineras anticipan una peligrosa degradación de los glaciares en caso de que prospere su explotación.
El cerro fue domesticado en el siglo XIX con la instalación de la mina La Mejicana, el oro producido sirvió para acuñar las primeras monedas del país, entre otras cosas. Desde Chilecito, un cablecarril trepa irreverente sus faldeos hasta los 4.600 msnm. Lo hace salvando 3.500 metros de desnivel en 35 kilómetros. Vale mencionarlo, ya que se trata del cablecarril más grande de América y una de las obras de ingeniería más notables de la historia.
De vuelta en el valle del Bermejo, un poco más al Norte se encuentra San José de Vinchina, siempre con el enorme cordón al oriente que contrasta con la sierra de Los Colorados en la margen occidental, y ocasiona que ésta se perciba como una simpática elevación menor. Pero todo es cuestión de perspectiva, y la ruta 76 en su curso hacia el paso internacional Pircas Negras, brinda múltiples posibilidades.
El lado B del suelo riojano es tal vez el menos conocido, pero probablemente el más amable y el menos agitado por la gente, un espacio tallado con dureza por un clima semidesértico y una geología accidentada. Tal vez una de las riquezas paisajísticas más exquisitas de la provincia de Varela y de Peñaloza se encuentra en este margen.
A 4.200 msnm, la laguna Brava comparte escenario con los cerros Bonete, Piscis y Veladero, magníficas cumbres de la cordillera Frontal. Este cuerpo de agua endorreico le confiere el nombre al parque provincial en que se encuentra y cuyas 405.000 hectáreas limitan con Chile y con San Juan.
Sus aguas salinas ocupan 17 kilómetros de largo por 4 kilómetros de ancho y no superan los 90 centímetros de profundidad. La habitan flamencos y otras aves acuáticas, aunque también se pueden ver grupos de vicuñas pastando en el borde septentrional.
El parque es también hogar de zorros, guanacos, pumas, cóndores, águilas moras y halcones, entre muchas otras especies. La laguna debe su nombre a un temperamento intempestivo por el que se altera violentamente, alborotada por el viento. Aunque ello no ocurre todo el tiempo, el flujo de aire frío y persistente recuerda que todo puede cambiar en cualquier instante.
LO BELLO, SI PELIGROSO, DOS VECES BELLO
El paseo en auto puede ir un poco más lejos, se puede estirar hasta el paso Pircas Negras que se abre por temporadas, o a Mulas Muertas. Pero la cordillera aún conserva fuera del alcance lugares de extremo interés, como la Corona del Inca o el acceso a los cerros. Allí solo se arriba en grupos de camionetas 4×4.
Sin embargo, la posibilidad de subir en auto no significa que el paseo carece de riesgos. El camino atraviesa la Quebrada de la Troya, cuyas paredes compuestas de láminas sedimentarias pueden soltar pesados trozos sobre el viajero o su vehículo. Más arriba, las temperaturas pueden extinguir cualquier recuerdo del calor, congelar el gasoil, romper mangueras y producir contratiempos que pueden convertirse rápidamente en una sentencia de muerte. Fue justamente un evento que tuvo esos ingredientes lo que motivó al gobierno de La Rioja exigir un guía por grupo de visita. La travesía se pauta un día antes y parte de Vinchina. La sugerencia es llevar al guía en el propio vehículo, ya que hay mucho que aprender.
El lado B encierra una postergación cronológica, se le impone una jerarquía que a veces no tiene relación con su calidad sino con nuestra linealidad perceptiva. En este caso, su plus de distancia y la escasa promoción de sus virtudes aleja al valle del Bermejo de los santafesinos.
Valgan estas líneas para despabilar a los viajeros y sugerirles rumbos tan enriquecedores como alternativos.



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